Quinto Elemento

Teresa Parodi: “Los pueblos caminan a su tiempo. Habrá que esperar el tiempo que necesite nuestro pueblo”


10 de julio de 2026

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Foto: JACQUELINE ORION


Una de las voces más lúcidas y necesarias de la cultura argentina, propone en “Hasta que amanezca”, su flamante trabajo discográfico un recorrido que interpela al presente sin perder nunca de vista la memoria, el paisaje y las identidades que atraviesan su obra.

 

Gustavo Grosso

 

La partera dijo ¡cantora! y ahí nomás se puso a tararear abrazada a una guitarrita de cartón. Era casi fin de un año y comienzos del siguiente: 30 de diciembre, tiempo en que las luces cambian, los arbolitos brillan y el fuego para el asado comienza a tomar forma. Era el prólogo a una vida rodeada de polkas, chamarritas,  rasguidos dobles y rancheras, al amparo del acordeón y del arpa paraguaya. La niña afinaba de oído a los nueve y soñaba con cantar para la gente. En la casa correntina resoplaban los sonidos y la siembra comenzaba: había paño. Un abuelo concertista de guitarra y otro pianista y médico; una mamá maestra y un padre que iba de acá para allá con una pila de discos de música clásica. Olor a tierra mojada en la pista de baile, tradición litoraleña, vaya y pase que el baile está por arrancar y la orquesta sonará toda la noche. Postal de un tiempo que no se resigna a marchar: alcanza con darse una vuelta por Corrientes en verano y a la hora en que el sol se esconde, porque antes no, con semejante calor. Paradita al lado de la orquesta, la Tere no se perdía ni un son de la acordeona. Se recibió de maestra cuando aún caminaba la adolescencia, empezó a estudiar literatura en Resistencia y antes de los 18 la jueza autorizó: “Puede casarse”. Concursó y entró como primera solista del Coro de la Orquesta Folklórica de la provincia al tiempo que daba y tomaba clases, componía (“A mí nadie me conocía pero había mucha gente que le gustaba lo que yo cantaba y por ejemplo me organizaba recitales en casas. Ellos invitaban amigos de amigos de amigos. Se armaban unas redes alucinantes que no se puede creer la cantidad de recitales que di en casas de familia”, cuenta orgullosa), cocinaba, recibía premios en cuanto festival de la nueva música correntina se presentaba e iba trayendo al mundo a sus cinco hijos. Pasaron los años, con sus cuestiones, sus apetencias, las dichas, las desdichas. Un día Pedro Canoero y Apurate José levantaron vuelo y no aterrizaron más. Creció de a poco, abrazada a la guitarra como aquel anteúltimo día del 47; intercaló vuelos a todas las provincias de su país querido con otros a París, Bruselas, Cuba, Berlín o Sevilla, entre muchos escenarios del mundo a los que subió con su guitarra. Fue premio de la Asociación de Cronistas del Espectáculo; Premio Konex de Platino y Teresa Adelina Sellares –claro está, Teresa Parodi- se consolidó como una de las grandes autoras y compositoras del país y el continente. Tiene muchos discos, mucho compromiso con la vida política (“Tengo la suerte, el privilegio, que tiene mi generación de haber luchado tanto por un país ideal, un país con justicia social por el que uno dejó tantas cosas y perdió tanta gente querida, y de golpe estamos en esa construcción”, dice), con las cuestiones sociales. Fue amiga de María Elena Walsh y Mercedes Sosa, respalda la lucha de La Madres de Plaza de Mayo, organiza, pone semillas que germinan con pétalos de cultura, sigue escribiendo canciones, cantando canciones, siempre Teresa, hasta que amanezca.

Hace unos días, un disco de once canciones —Me veo en vos, Lento, La Negra Ulogia, Al Sur del Moconá, La Belleza Es Soledad, Chamamé Cantor, Yo vengo a ofrecer mi corazón, Siempre a la misma hora, Peregrino del bien, Sin miedo y Hasta que amanezca— se instaló en las plataformas para que. una vez más, se pueda acceder a la sensibilidad y a la obra de una de las voces dueñas de un recorrido que interpreta el presente, se nutra de las raíces más auténticas. El flamante trabajo de Teresa Parodi se adentra en un universo sonoro que se desliza entre la tradición folklórica y nuevas texturas, dando forma a canciones que suenan cercanas, casi como de cuna, o como parte del paisaje del interior profundo del país y también de la gran ciudad y su vértigo. La voz de Teresa es el eco de un tiempo. De éste tiempo. La ternura de su tono correntino abre camino a la primera luz del amanecer; la mirada interpela a un tiempo de ambiciones desmedidas y de desgarros. La esperanza hace foco en el amanecer, en lo que vendrá, en el otro país.

 

-Hacer un disco es siempre un desafío, una búsqueda, una ilusión. ¿Qué le significa el lanzamiento de "Hasta que amanezca" y cuál es el recorrido que hace su flamante trabajo discográfico?

 -Hacer un disco es siempre un desafío y por supuesto, crea una gran expectativa en uno mismo. Cuando uno considera que tiene un material listo para hacer un disco, no ve la hora de que eso salga a la luz, porque el sentido primero y último de la canción es llegar al otro. No existe una canción si no es finalmente comunicada, si no es cantada, si no es compartida. Para mí “Hasta que amanezca” es la ilusión de estas nuevas canciones, la ilusión que despiertan en mí estas nuevas canciones y es mostrarle a quien las escuche, contarles a quien las escuche, lo que están viendo mis ojos de autora y compositora comprometida con el tiempo que me toca vivir siempre. Quiero compartir con ellos esta mirada, estas imágenes, estos sentimientos que tratan de una vez más, contar una realidad que estalla delante de nuestros ojos, que no la podemos negar, pero con el único objetivo de compartir, de interpelarnos a nosotros mismos con muchas de las cosas dolorosas que nos pasan, aunque también este disco está atravesado por un montón de canciones que hablan del paisaje, hablan de las personas en su relación con el paisaje, pero también hablan de la ciudad y las personas que están expulsadas del sistema y que están viviendo en la calle. Quiero decir, un disco puede tener todo eso adentro, porque un disco es finalmente una propuesta musical con canciones que tratan de reflejar eso que nos pasa como comunidad, involucrarnos con cada una de esas cosas que nos pasan.

 

-No se calle tu voz, No se rinda tu amor, No te mueras nunca... la vida, el amor, el compromiso, todo cabe en esa estrofa. ¿Por qué y para qué cantar, decir, frasear, escribir canciones?

-No se calle tu voz, no se rinda tu amor, no te mueras nunca… es el estribillo de una canción que dediqué a Paco Olveira, el cura de opción por los pobres, el padre Paco. Creo que su vida es un espejo donde hay que mirarse, su solidaridad, su amor por los demás, su compromiso con los demás, su acompañamiento permanente al pueblo. Yo creo que vale la pena escribir canciones así, que vale la pena hablar de esto, de estas personas que, por ejemplo, como en el caso de Paco, todos los días de su vida están al servicio de su propia comunidad, con un amor incondicional, un amor plural. Yo creo que a mí me hace bien pensar en Paco y me emociona cada vez que lo veo al lado del pueblo, no claudicando nunca. Es pedirle no te mueras nunca, es como pedir que no se muera nunca ese sentimiento, esa actitud humana y creo que eso vale la pena ponderar.

 

-La acompañan un puñado de grandes músicos y cantores y cantoras consagrados y también nietos que abrazaron su legado. ¿Cómo fue el día a día hasta llegar a este disco?

-Es muy hermoso para mí compartir con colegas que quiero tanto, que admiro, no sólo los que son más jóvenes que yo, como en el caso de Maggie Cullen (en Al Sur del Moconá), de Lisandro Aristimuño (en La Belleza es Soledad), inclusive la misma Soledad (en Chamamé Cantor) y Julia Zenco (en Sin Miedo), sino también de las personas tan valiosas e importantes en la historia de la música de América Latina, como es Susana Baca (en La Negra Ulogia), la gran peruana, que marca en este discurso, en una canción que hace referencia en el fondo a esa raíz afro que tiene toda la cultura de América y que no siempre la tenemos en cuenta. En la música de mi provincia también está esa cultura, esa raíz, y por eso me gustaba cantar este chamamé, que es un homenaje a una cantora anónima de mi pueblo que cantaba la banda Orilla del Río. Compartir esa canción que escribí hace mucho tiempo, pero con Susana cantando, tiene un doble sentido y marca mucho esa raíz afro que está en toda la cultura americana. Pero además, claro, todos los otros colegas son queridísimos, inclusive está Doña Bastarda (en Me veo en vos), que es una murga uruguaya. Fui a grabar en Uruguay especialmente con ellos. Disfruté mucho de este trabajo y, por supuesto, también de tocar con mis nietos, que hace mucho tiempo que ellos son los que integran mi banda y que son los que dirigen. Emilia, por ejemplo, que es mi nieta, dirige, es pianista, es arregladora y en este disco es coproductora con Matías Chela. Ella dirige y hace los arreglos de la mayoría de las canciones. En este caso, los compartí también algunos con su hermano Ezequiel y otros para el mismo disco con Matías. Se trabajó muy en equipo. Estoy muy orgullosa de poder hacerlo con mis nietos y de haber compartido con cada uno de los maravillosos artistas que estuvieron en este trabajo.

 

-Se vive un tiempo social muy complejo, en el que ganó terreno el negacionismo, el odio, donde lo individual quiere ganarle a lo colectivo. ¿Qué herramientas debemos tener a mano "hasta que amanezca"? ¿Cómo imagina el día después?

-Ya lo creo que se vive un clima social complejo, ya lo creo... La verdad es que el discurso del odio ha ganado de una manera increíble, inconcebible. El discurso del odio, la crueldad ha ganado este tiempo, se ha instalado en la vida cotidiana de todos nosotros y la verdad que es muy doloroso que pase eso.

Contra eso solo tenemos el amor. Contra eso solo tenemos la memoria. Contra eso solo tenemos la decisión de seguir siendo el país que siempre fuimos. Un país que piensa en el otro, que lo incluye, que lo pone en el lugar que tiene que estar para compartir todo lo que es necesario compartir para crear un país que crezca, ¿no? Un país en el que todo el mundo tenga futuro. Siento que han venido a destruir ese país y por eso atacan fundamentalmente a la cultura, porque es ahí donde está el alma y la memoria colectiva de los pueblos. Pero, sin embargo, creo que nosotros, como país, como pueblo, estamos cada vez diciendo más, con mucha más certeza, como fue en la marcha universitaria en contra del ataque a la educación pública. Me parece que el pueblo argentino, en un punto, no va a permitir que se avance borrándonos toda la  memoria y tratando de instalar otro modelo de país en nuestra cabeza y en nuestro corazón. Hasta que amanezca, yo escribo canciones, porque creo que son un refugio, porque creo que la cultura es un refugio y creo que es lo que tenemos que hacer. Sé que va a amanecer. No es la primera vez que entramos en una etapa terrible, de mucho dolor, de mucha preocupación y de persecución,  sobre todo, con experiencias distintas, de estigmatización. Pero, sin embargo, hemos salido como pueblo. Los pueblos caminan a su tiempo. Habrá que esperar el tiempo que necesite, en este momento, nuestro pueblo. Estoy segura de quienes van a ser los que van a estar ahí cuando el pueblo diga es hasta aquí y basta. En ese amanecer, nos encontraremos con un gran abrazo que nos permitirá seguir construyendo la cultura de lo colectivo, del amor y de la esperanza que es posible si estamos todos y todas y todes.

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